Argentina posee históricamente uno de los índices mas altos de trabajadores en negro, o trabajadores informales como se los suele maquillar, en donde más de la mitad de los trabajadores no percibe (o lo hace parcialmente) aportes jubilatorios, seguridad social y la cobertura de una aseguradora de riesgos de trabajo. Los últimos índices proporcionados por el gobierno en 2013 indican que todavía nos encontramos con un 35% de trabajadores no registrados a nivel país.

¿Por qué sucede?

Este tema es algo que discuto mucho y que todavía no logro entender. Luego de hablar con una gran cantidad de personas, intento agrupar dos principales causas y varias accesorias. Primero, la creencia establecida (y el desconocimiento) de que «tener empleados en blanco es extremadamente caro». Segundo la visión a corto plazo de algunos empresarios, y que en general tenemos como sociedad, que no nos permite analizar los costos que tendremos posteriormente; y como accesorio el descreimiento o minimización, por parte de los empleadores, de los riesgos de posibles acciones judiciales futuras.

¿A quiénes perjudica?

Separo primeramente a las empleadas domésticas de los trabajadores de comercios o de empresas, ya que registrar a las primeras no tiene mayor coste que AR$ 105 mensuales adicionales al sueldo neto que percibe el trabajador. Por menos de USD $20 el trabajador recibe aportes jubilatorios y el acceso a una obra social.
Las personas que contraten personal doméstico tienen además beneficios fiscales, ya que parte del sueldo (o la totalidad si solo concurre un par de horas a la semana) se puede deducir del impuesto a las ganancias. En pocas palabras, el que si conociendo todo lo anterior y sumado a que el trabajador puede reclamar las diferencias salariales y los aportes no realizados (más sus intereses y el daño producido) en un juicio posterior; el que no registre su empleada doméstica reúne todas las condiciones, tanto por motivos éticos como económicos, para ser considerado un idiota, con todas las letras. Lamentablemente, se estima que sólo el 40% de las empleadas domésticas se encuentran formalmente registradas, por lo que hay más de los que yo creía.
Nota de color es que muchos la denominan «señora que ayuda en casa» en lugar de empleada doméstica, donde desde el lenguaje intentan ser esquivos a su relación patronal.

Pasando a los empleados de las PyMEs, hago otra separación, entre micro empresas que están arrancando y no superan el año de actividad, y por el otro lado el resto de las empresas.
Separación que considero válida hacer ya que en los comienzos las empresas tienen la difícil tarea de insertarse en el mercado, de ser rentables y poder asegurar los puestos de trabajo. Esto no justifica que si se alcanzan esos objetivos no se registren los empleados, esta debe ser una de los principales prioridades a cubrir, porque además los balances no serán realmente rentables hasta no cubrir los costos reales que se tienen. El mantener una fantasía de costes sólo ocasionará un mal pasar económico o el cierre ante el primer conflicto laboral o reclamo judicial.

Volviendo a las grandes empresas, no tolero, comprendo, ni comparto las diversas practicas desleales que se practican, como por ejemplo el registrar a sus empleados por sólo 4 hs mientras trabajan jornada completa, no pagar los días feriados, horas extras, ni otorgar los beneficios que la ley y los convenios colectivos otorgan.

¿Como se sostiene este modelo?

Intentando entender el por qué estas prácticas se soportan o se validan por parte de los empleados, encuentro gran cantidad de justificativos.

En un análisis rápido, muchos sostienen que la falta de trabajo hace que los trabajadores acepten peores condiciones laborales con tal de poder generar ingresos. Para refutar un poco este argumento, podemos comentar que Argentina en la década de los 90 superó el 20% de desocupación, y el 50% de trabajadores no estaba registrado, pero actualmente la desocupación se encuentra en el orden del 7% y el índice de informalidad ha descendido sólo al 35%.

A mi creer, uno de los factores que permite esto continúe, es la falta de controles serios por parte de los organismos gubernamentales. La Ley Nacional de Empleo prevé sanciones al empleador cuando no registrare debidamente al trabajador, debiendo abonar a éste una indemnización equivalente a una cuarta parte de las remuneraciones devengadas desde el comienzo de la relación laboral computadas a valores reajustados de acuerdo a la normativa vigente, pero son pocas las operaciones reales que se realizan mensualmente.

Por el otro lado, algunos trabajadores prefieren trabajar en firmas que tienen cierto renombre o prestigio, ya que esto le aportará experiencia a su currículo, y por eso soportan esa explotación, de todas maneras esto no debería permitirse, son las malas prácticas de los empresarios las que convalidan este modelo.

No olvidemos nunca, que lo que se ha convertido en una practica habitual es un comportamiento falto de ética y contrario a derecho. Los empleadores no desconocen la ley y deciden esquivarla sin dudarlo demasiado. Algunos incluso todavía tienen el discurso de que los trabajadores deberían estar agradecidos porque ellos como jefes «les dan trabajo».

Este tema abre la puerta a un próximo post, ya que muchas empresas acusan falta de motivación y compromiso por parte de los empleados, pero ni siquiera aseguran los derechos mínimos de los trabajadores.

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